Las feas también necesitan amor

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«¿Que no ven frutas feas en los estantes? ¡Normal! Los grandes distribuidores se las cargaron. Es duro, muy duro, ser una fruta fea».

Isabelle Saporta, autora del libro ‘Comer puede matar’.

De vez en cuando tropezamos con hechos que nos recuerdan lo estúpidos que podemos llegar a ser. Hace unos días, en una entrevista de televisión, el gerente de una famosa cadena de supermercado relataba que las zanahorias con formas extrañas eran despreciadas por el consumidor y solían acabar en el contenedor de la basura o como pasto para los animales. Porque en esta, nuestra sociedad, si una hortaliza no es bonita, no se vende. Aunque sea el tubérculo más sabroso y ecológico del mundo, en este mundo no hay sitio para zanahorias feas. ¿O sí que lo hay? Pues sí, afortunadamente hay quien ha encontrado en el marketing la forma de reconvertir la estupidez en un modelo de negocio cuqui a la par que sostenible.

Fruta de la compasión


Seremos expertos en e-commerce, retailers y todo lo que tú quieras, pero seguro que nuestras abuelas podrían darnos unas cuantas lecciones para llenar la cesta de la compra de manera inteligente. Nos quejamos de que los tomates ya no saben a nada pero cuando vamos al supermercado acabamos escogiendo la rama que a simple vista nos parece más bonita. La naturaleza no entiende de canones de belleza y la calidad o el sabor nada tienen que ver con sus caprichosas formas amorfas o retorcidas.

Cualquier agricultor te diría que la fruta en su punto óptimo de maduración puede presentar imperfecciones en forma de manchas o decoloraciones muy diferentes a los tonos vivos y brillantes que nos muestran los panfletos publicitarios. Sin embargo, solo en Reino Unido se rechaza entre el 20% y el 40% de la producción hortofrutícola por una simple cuestión estética, según publica The Guardian. Por la misma razón se estima que en EE.UU se tiran a la basura cada año más de 15.000 millones de toneladas. En España, por el momento, ni nos hemos molestado en calcularlo.

El asunto es tan absurdamente serio que merece una dosis del humor surrealista de La Hora Chanante:

Hace un par de años, el ecologista londinense Tristram Stuart denunciaba este escándalo global en el libro ‘Despilfarro’ y en una entrevista concedida al diario El País dejaba entrever que algo empieza a cambiar: “Cuando llevaba cámaras y periodistas a las basuras de los supermercados para que dieran fe del escándalo, los establecimientos me nombraron enemigo número uno, pero ahora me invitan para que les ayude a reducir sus residuos”, aseguraba.

En una entrega del programa Salvados titulada Con la comida no se juega, Jordi Évole encendía las redes sociales tras entrevistar a un agricultor de clementinas que denunciaba la obligación de descartar el 40% de su producción por no cumplir los criterios estéticos que imponen los supermercados.

Quizás sea la hora de que el marketing tome cartas en el asunto.

Lo feo puede ser cuqui

¿Y qué puede hacer el marketing para paliar esta cruda realidad? Siguiendo el pestilente rastro de este mal hábito hemos dado con una bonita solución. La protagonista es Mirim Seo, una diseñadora de origen surcoreano afincada en Philadephia que decidió ponerle un vestido bonito a la fruta fea. Así nació Ugly Fruit, una marca que comercializa zumos y mermeladas elaboradas con la materia prima que descartan las grandes superficies comerciales. El nuevo aspecto devuelve a toda esa fruta la calidad que el mercado les robó.

retailers marketingEn realidad, Mirim no inventó nada que no haya hecho ya la gran industria al transformar las verduras de estética difícil en sofritos y purés. Pero ella apostó por darle un toque creativo de lo más cuqui que se plasma tanto en su identidad corporativa como en el etiquetado y packaging de los productos. Una propuesta que, además, combina a la perfección con una filosofía empresarial de lo más naturista: “Todos mis trabajos son ecológicos y minimalistas porque procuro crear diseños sostenibles que no perjudiquen el medio ambiente”, asegura en su coqueta web. En Alemania ya le han salido imitadores.

ugly fruit

 “Con motitas, mejor que mejor”

Han pasado 21 años de aquel spot en el que Karlos Arguiñano explicaba por primera vez que el plátano de Canarias “es el más sabroso y, si además tiene motitas marrones, mejor que mejor”. Corría el año 1992 y por aquel entonces la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias (ASPROCAN) necesitaba posicionar su producto en un mercado devaluado por la importación de bananas procedentes de América del Sur, que encima son más grandes y vistosas. Desde Almodovar hasta la mismísima Lola Flores prestaron su imagen por el bien del producto patrio.

Hoy en día, el posicionamiento de marca del plátano de Canarias se mueve por otros derroteros, pero aquella campaña de branding representa el mejor ejemplo de cómo hacer del defecto una virtud. Para prueba, el anuncio que se emitió un par de años después:

Cruzada europea

Algunos minoristas europeos se han embarcado en una cruzada para rentabilizar la distribución de las frutas y verduras poco agraciadas. En Alemania, una empresa llamada ‘Edeka’ ha puesto en marcha un proyecto piloto para comercializar el género con imperfecciones. En Suiza, la compañía ‘Coop’ ha decidido darles una oportunidad a los albaricoques con manchas, las coliflores pecosas y las zanahorias de tres patas. Y hace un año, la británica Sainsbury’s moderaba las restricciones sobre la apariencia estética de todos los productos frescos que se venden en sus 1.012 tiendas. Que estas iniciativas tengan duración en el tiempo está en manos del consumidor.

banco de aliementos

En nuestro país, donde cada año se tiran a la basura 1.300 millones de toneladas de comida, cadenas como Eroski o Consum han decidido convertir el patito feo en un donativo al Banco de Alimentos. Sólo el 20% de los supermercados decide destinar la comida sobrante a las ONG, pero la raíz del problema la encontramos en el propio campo. Hermanos Vicent, una pequeña productora hortofrutícola de Meliana, en Valencia, nos aclara que en el mercado impera la ley de los productos de primera y segunda categoría. “Una manzana con el aspecto idóneo vale más que otra que no lo tiene simplemente porque el consumidor está dispuesto a pagar un precio mayor”, aseguran.

Que le damos más importancia a la apariencia externa que al sabor es un hecho demostrado. Pero la mentalidad de los consumidores puede cambiar. Solo necesita que el marketing y la publicidad le conceda a la zanahoria fea el sex-appeal que le falta para que el mundo diga: ¡Me la como!

 

1 comentario en «Las feas también necesitan amor»

  1. Como podemos ser tan estúpidos rechazamos todo lo feo desde pequeño cuando somos niños nos reímos de los feo ,gafotas ,gordos y otros adjetivos para presumir de lo mas guapos aunque sea estúpidos . Que podemos hacer educar y respetar alas personas y valorarlas no solamente por su apariencia y eso también se puede hacer con la publicidad siempre que la persona que paga lo hacerte.

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