Maldita sea, ¡págame!

Quienes trabajamos en Comunicación, Publicidad, Diseño o cualquier otra actividad creativa no necesitamos sesiones de coaching porque nos sentimos autorrealizados y somos felices por naturaleza: ayudamos a que los demás mejoren y participamos encantados en cualquier proyecto de talento colectivo. Nos gusta nuestro trabajo y realmente son profesiones preciosas, capaces de despertar emociones y sentimientos a diario.

Sin embargo, también tenemos que rellenar los modelos 303, 111, 390 y 347, entre otros (si no sabes de qué tratan o eres asalariado o sobrevives en el mercado negro o lanzas flores al escenario en los conciertos de Isabel Pantoja). Si los sistemas informáticos de Montoro te tratan como a una empresa más, ¿por qué tú no? ¡Plas! Bofetada de realismo. ¿Acaso no tienes que pagar facturas a final de mes? ¿Acaso no has trabajado muy duro para formarte e intentar ser el mejor profesional? ¿Acaso no generas empleo (aunque solo sea el tuyo)? ¡Viva el emprendimiento! Viva, sí, pero cualquier negocio se tiene que regir por las reglas del mercado o no sobrevivirá mucho. El respeto comienza por uno mismo.

Ahora imagina que entras en una tienda de Apple y les cuentas que quieres el iPhone 6 pero que solo vas a pagar 80 euros porque en realidad apenas utilizas una decena de apps y porque no has ahorrado más para comprarlo. Es justo, ¿no? Yo me he comprado un Huawei.

Este vídeo tiene tres años y, pese a su brillantez, está claro que el mensaje no ha calado porque estas vergonzantes situaciones se repiten a diario. En el fondo se resume en una simple dualidad: quienes entienden y valoran la importancia de la Comunicación y quienes no. Detectar en qué lado está cada uno (e incluso con qué clientes no conviene trabajar) también es un trabajo del profesional, que se suele aprender con el tiempo y con algún que otro varapalo.

Monteiro, ese William Wallace hipster

Bastante humillante para ambas partes es que intenten regatear tus honorarios profesionales. ¿Acaso ellos lo permitirían cada día con el suyo? La situación se agrava si, aunque conseguimos que el proyecto salga adelante, entramos además en una espiral de retrasos en el cobro o, peor aún, impagos. Este proceso tiene cuatro fases:

1. Se ha cumplido el plazo que indicabas en la factura y el ingreso no llega:

2. Se lo recuerdas de la manera más amable que puedes:

3. Pasan las semanas pero no olvidas: aún no me has pagado. Cabreo considerable.

4. Cuando te ponen la excusa número 35.289:

¿No quieres volver a verte en esta situación? Ha llegado la hora de conocer a Mike Monteiro.

Co-fundador y director de diseño de Mule Design, un estudio de diseño interactivo cuyo trabajo ha sido calificado por The New Yorker como “deliciosamente hostil”, Monteiro no se muerde nunca la lengua y cada una de sus palabras es un disparo. Autor del libro El diseño es un trabajo, en 2014 ha ganado el premio ‘Charla del año’ por su exposición “Cómo los diseñadores han destruido el mundo“. Este año también ha publicado el libro Eres mi cliente favorito, una guía sobre la contratación y el trabajo con los diseñadores.

Rescatamos la presentación que Monteiro hizo (¡hace ya tres años!) en las Mañanas Creativas de San Francisco: “F*ck you! Pay me!” En una sala repleta de profesionales dedicados al diseño y la creatividad, Monteiro pregunta a quién le resultan familiares las siguientes frases: “Al final no vamos a hacer el trabajo”; “No es lo que realmente queríamos”; “Tenemos a alguien en la empresa que se va a encargar de ello”; “Hemos cancelado el proyecto” o “Al final no hemos conseguido el dinero que pensábamos para este proyecto”. El bosque de manos alzadas impide ver la barba de Monteiro. Dedica media hora de tu vida a ver el vídeo completo como muestra de respeto a tu trabajo y como hoja de ruta en tu forma de trabajar a partir de hoy mismo. Sus consejos (y los de su superabogado) no tienen precio:

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