Un QR agridulce

Los códigos QR son como los besos. Los hay que te enamoran, que te dejan un buen sabor de boca o que te producen indiferencia o repulsión. Hay QRs inolvidables y QRs para olvidar. Y QRs que aparecen por sorpresa. Mi último encuentro con un código QR fue, literalmente, un beso agridulce en envase de cartón. Un QR agridulce difícil de olvidar.

Era medianoche, tenía sed y fui directo a la nevera. Abrí la puerta y deslicé la mirada hacia el interior. Poco que otear, como siempre. La misma botella de agua, algún que otro refresco y un brik de zumo por abrir. Zumo de naranja.

Código QR en zumo de naranja

Comprobé la fecha de caducidad. Todo en orden. Sonreí. Me relamí. Y empinando el codo aplaqué mi sed.  Calculo que habría tomado como tres o cuatro  tragos cuando percibí su presencia. Abrí los ojos y…¡zas! El tiempo se detuvo por un instante. Allí estaba él, a escasos centímetros de mis pupilas. No teman, no era ningún fantasma sino un pequeño código QR en blanco y negro, humedecido por la fría escarcha de la nevera en la que había permanecido criogenizado las últimas semanas.

Aún con el cítrico regusto en mi paladar, fui por el móvil y abrí el lector para escanearlo, al tiempo que me preguntaba si era casualidad que el QR estuviera junto al tapón o se debía a una decisión premeditada de algún avispado publicista. ¿Podría ser que aquel código estuviera dedicado a todos los que bebemos a morro? Parecía rebuscado aunque no por ello dejaría de ser una estrategia certera como un flechazo. Yo al menos lo tuve, pero lamentablemente no llegó a convertirse en amor platónico. Porque, en realidad, tras examinar detalladamente la botella llegué a la conclusión de que ese QR estaba ahí porque no había otro hueco libre en todo el cartón.

Ninguna frase que invitara a escanearlo. Ningún claim que llegase a mi corazón. Nada. Solo un triste y pequeño código esperando ser encontrado. Pensé que quizás su belleza estaría en el interior, pero la fantasía se esfumó cuando el QR me mostró una web normal y corriente pensada para ver en un ordenador. Una web que en mi móvil parecía un amasijo de letras diminutas con pop-ups fuera de mi control que colapsaron el corazón de mi agitado smartphone.

Al final, el beso supo más agrio que dulce, como a zumo de naranja caducado.

1 comentario en «Un QR agridulce»

  1. La verdad es que aún hoy en día hay cada enlace de este tipo que te deja muerto de pena. Webs que se han adaptado de muy mala manera, muy poca publicidad que te haga querer ver el contenido, etc. Un articulo muy ameno, explicado de manera realmente divertida

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