Hace solo unos meses, muchos se preguntaban qué eran esos cuadrados laberínticos –generalmente blancos y negros- que se dejaban ver en carteles publicitarios, revistas y hasta en los bricks de zumo del supermercado. “Un código ku-erre”, decían unos. “No, que va, se llaman bidis”, espetaban otros con la seguridad de haber leído ese nombre en algún reputado blogs español sobre marketing e Internet.

Solo hay que poner un poco la oreja para darse cuenta de que los españoles han empatizado más con este segundo término. Prueba de ello fue lo sucedido tras la presentación, por parte del Gobierno español, de los Presupuestos  Generales de 2012  en formato código QR, que casi todos los medios confundieron con un BIDI.  Por tanto, ahora que este artilugio se ha incorporado a nuestra vida cotidiana, conviene aclarar cuál de las dos denominaciones debemos incorporar también a nuestro vocabulario, sobre todo para no generar más dudas y confusión. Hablemos con propiedad y resolvamos, de una vez por todas, cuál es la diferencia entre un QR y un BIDI.

Códigos QR vs Bidi

Parecen lo mismo, pero no lo son. Los códigos QR o QR codes (siglas en inglés de Quick Response, en castellano ‘Respuesta rápida’) y los códigos BIDI tienen la misma funcionalidad: ambos pueden ser escaneados con ayuda de una aplicación (un lector) en nuestro móvil y, al instante, acceder a un contenido web o mostrar los datos de una tarjeta de contacto. Pero hasta aquí las semejanzas. Sirven para lo mismo pero con una importante diferencia.

Los códigos QR utilizan un lenguaje abierto. Por tanto, se pueden escanear (y generar) sin ninguna restricción, ya sea con un móvil alemán, japonés o español. Gracias a su carácter universal y gratuito, los QR se han extendido por todo el mundo y cada vez son más populares. Pero, como Spain is different, las compañías telefónicas pensaron que si se podía rentabilizar el uso de estos códigos, ¿por qué no hacerlo?… Por eso, a Telefónica se le ocurrió lanzar en 2008 sus propios códigos. Y por aquello de que son “códigos bidimensionales”, les llamó BIDI.

A mediados de 2009 se produjo un hecho insólito. Lo que nadie había conseguido hasta entonces, unir en un mismo acuerdo a las tres grandes compañías de telefonía móvil en España –Movistar, Vodafone y Orange – lo lograron los BIDI. La unión de las tres operadoras hizo posible la creación de un código con lenguaje cerrado, que requería su propia aplicación (solo funciona en sus teléfonos) y descargarla no tenía por qué ser gratis. Pero el mayor obstáculo de todos es que los códigos BIDI no los puede generar cualquiera, tendrás que dirigirte al portal www.scanlife.com, registrarte y solicitar un presupuesto (salvo que sea para uso personal), así como enviar un mensaje de texto para descargar el lector, con el pertinente coste económico que acarrea.

Scanlife es un servicio ofrecido por las mencionadas compañías, con la colaboración de Scanbuy, el proveedor líder mundial de soluciones de códigos bidimensionales.  Ya en el año 2010, nuestro colega Gabriel Medina, de Macanudos, analizaba en este post los problemas que acarrearía la disyuntiva QR-BIDI.

¿Cómo distinguir uno de otro a simple vista? Fácil, los códigos QR tienen tres cuadrados en las esquinas, los BIDI no. Afortunadamente, con el tiempo parece que la universalidad y gratuidad de los códigos QR se acabará imponiendo a las limitaciones de los BIDI. Pero a día de hoy, el término BIDI sigue empleándose en conferencias, cursos o noticias sobre marketing móvil como sinónimo de código QR. Y es especialmente grave cuando se trata de periodistas o supuestos expertos especializados en nuevas tecnologías que, sin saberlo, están generando en el ciudadano de a pié más confusión que otra cosa. Pero si al final hemos conseguido pronunciar /aifon/ (iPhone) en lugar de /ifon/, seguro que con el tiempo también aprenderemos a diferenciar un QR de un BIDI 😉

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