Entre tanta noticia sobre recortes y primas de riesgo, hay un elemento ajeno a la crisis que también se cuela a diario en los medios de comunicación. No es Facebook ni Twitter y no guarda ningún parentesco con la Familia Real española. Cuando la Roja ganó el mundial ni siquiera sabias que existía. Ahora, en cambio, este incógnito reclamo disfruta de una popularidad sonora. Su sola presencia es motivo suficiente para que cualquier cosa sea noticia. Si estás buscando un poco de promoción gratuita, deberías plantearte en serio lo de tener un código QR.
Ahora que ya sabes de lo que hablo, reconocerás que los Presupuestos Generales del Estado nunca te habían llamado mucho la atención, hasta que al ministro Montoro se le ocurrió encapsularlos en un QR, ¿o no? Aquel día, los principales medios informativos dedicaron titulares y portadas a ese extraño artilugio que, más que un código de barras, parecía un emblema de la Iniciativa Dharma. El recipiente de las cuentas del Estado resultaba más interesante que su propio contenido. Y así fue como de una gran noticia nació otra.
Veamos un ejemplo menos rimbombante. ¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Culla? Sí hombre, ese pintoresco pueblo en el interior de la provincia de Castellón. ¿No te suena? Pues eso mismo debían temer en su Excelentísimo Ayuntamiento, que para atraer a más visitantes decidieron salpicar las calles de códigos QR que trazan una ruta virtual por el casco histórico. Suficiente para lograr la ansiada repercusión en los medios de comunicación.
La de Culla es una de las tantas estrategias que están adoptando diferentes poblaciones de nuestra geografía. Puerto Lumbreras, Mijas, Burriana, Lugo o Badalona, por citar algunos ejemplos recientes, deberían ir pensando en dedicarle el nombre de una de sus calles al (cada vez más) popular recuadro bidimensional.
Agradecidos también deben estar en Lacuniacha, el Parque Faunístico de los Pirineos, después de conseguir que Europa Press lanzara un teletipo sobre los QRs que habitan en el bosque. “Ante este cuadrito, el curioso se pregunta: ¿será información, será publicidad, será arte? Lo nuevo, y además cifrado, siempre llama la atención”. La reflexión es de la periodista Catalina Gayá, quien después de tomar un tren, observó una aplicación QR que servía a los viajeros las páginas de 40 obras literarias. Ahora, gracias a Gayá, la iniciativa de Ferrocarrils de la Generalitat catalana ha vuelto a ser noticia.
QR son las siglas de Quick Response pero bien podrían haber sido las de Quick Report. Y es que, entre todos los múltiples usos que se han descrito sobre los códigos bidimensionales, el que pasa más desapercibido es, paradójicamente, su filón mediático. Para que un código QR se convierta en noticia, hay que aplicar ciertas dosis de ingenio y originalidad. E inyectarle viralidad a través de una buena estrategia de comunicación.
Creer en el potencial mediático de los códigos QR no es cuestión de fe. Que se lo digan sino a los responsables del Museo de Arte Sacro de Orihuela, cuyo ingenio va más allá de lo terrenal. El halo de misterio que cubre a su Insignia de la Cruz, conocida popularmente como La Diablesa, ya se puede descifrar con ayuda de un teléfono de última generación. Resulta paradójico que, gracias a la tecnología, una incógnita se resuelva por medio de un código cifrado. Claro que eso lo hace más interesante y, por tanto, noticiable. A Catalina Gayá no le falta razón.
El interés se multiplica cuando interviene el factor morbo. No se sabe cuando fue la última vez que el cementerio de Poblenou, en Barcelona, acaparó titulares en la prensa. Pero hace unas semanas un conocido periódico publicaba: “El cementerio de Poblenou utiliza códigos QR para informar sobre los monumentos funerarios”. También es difícil que un Museo de Arte Contemporáneo sea noticia precisamente por ser moderno. Pero que el MAS de Santander haya convertido la innovación tecnológica en un canal para difundir el arte también ha logrado atraer la curiosidad de algunos medios.
Peculiar también el uso de este reclamo por parte de Facebook. El gigante de Internet genera tanta información que necesitaría un periódico para él solo. Pero, de entre tantas noticias, solo algunas consiguen dar la vuelta al mundo. Como la imagen del código QR en el tejado de la sede central Facebook. El hecho de que solo sea visible desde el espacio lo convierte en uno de los códigos más inútiles que existen, pero nadie pone en duda el éxito de esta estrategia.
Grandes marcas como Victoria’s Secret o Nissan empezaron a utilizar el reclamo bidimensional hace más de un siglo tecnológico (lo que equivaldría a un año natural). Una simple búsqueda en Google arroja cientos de páginas que ponen de manifiesto la eficacia viral de este tipo de acciones. Hasta las inmobiliarias han conseguido, gracias a los QR, que Telecinco hable en positivo de un sector especialmente golpeado por la crisis
Pera la prueba del algodón para cualquier herramienta, canal o estrategia de comunicación es la política. Mientras algunos partidos como el PSOE, UPyD o PNV han introducido el código QR en los debates parlamentarios, otros como el PP se han animado a utilizar este formato para enganchar a los más jóvenes. E incluso algunos como Compromis nos han enseñado que, con astucia, lo bidimensional puede sortear cualquier tipo de barrera. Pero, independientemente de lo que hagan los políticos con sus códigos QR, todos ya han conseguido su gran objetivo: atraer la mirada de los medios.


Es curioso ya que estos códigos se pusieron realmente de moda durante un tiempo. Ahora están totalmente implantados en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, no tienen tanta popularidad como antes.
Me parece alucinante. Cada día tenemos más posibilidades de comunicación y esto esta conllevando en muchos casos a que se utilicen sin ton ni son y sin preparar una buena campaña que realmente funcione y vaya a ser efectiva.
Totalmente de acuerdo, creo que podrían explotar en los próximos años. Este tipo de codigos tienen mucho potencial.
Personalmente no me gustan nada los códigos QR, me resultan poco prácticos al tener que escanearlos.
Estoy de acuerdo con el anterior comentario; solamente en circunstancias muy concretas son prácticos. En la mayoría de las ocasiones lo que transmiten es: «saca tu móvil que yo no me he querido gastar dinero en unos paneles, unos vinilos o una pantalla».