Anna es la típica chica con la que has pasado buenos momentos, te parecía graciosa, pero en la que nunca habías reparado en exceso. Forma parte de la pandilla y has brindado con ella en cumpleaños y nocheviejas. Muchas risas, qué bien lo hemos pasado y hasta la próxima. Pero en esta mañana de domingo, leyendo La Vanguardia en un bar, ha entrado saludando cuando nadie la esperaba. Y estaba radiante, fascinante, preciosa. No he podido quitarle los ojos de encima. Yo intentaba disimular, pero ella no se sentía incómoda.

QR de Anna de Codorniu. Pulsa sobre la imagen para ver con más resolución.

Acostumbrados a pasar las noches en camiseta y vaqueros, hoy me ha enseñado tres vestidos de gala. No sabía cuál ponerse estas navidades. «Son de Victorio & Lucchino», ha mencionado coquetamente. Y yo seguía con la boca abierta. «Pero Anna, si quedan meses para las navidades. Da igual, todos te quedarán preciosos». Como sabía que tenía toda mi atención, Anna ha dado un golpe de efecto infalible: «Si me ayudas a elegir, te invito a pasar un fin de semana en Sevilla y te presento a mis amigos, los diseñadores».

Dios mío, sí. Tú sabes cómo conquistar con tu QR. Sabes aprovechar todo tu potencial, sabes cómo llamar mi atención, sabes cómo hacer que entre en tu juego.

Anna, lo que siento por ti es amor.

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